Tiempos líquidos

En Tiempos líquidos. Vivir en una época de incertidumbres, Bauman retoma sus temas habituales, que son también los de muchos de los autores que cita, como Manuel Castells, Nan Hellín, Thomas Humphrey Marshall, Loïc Wacquant y otros.

Tiempos liquidos

Vivir en una epoca de incertidumbres

En Tiempos líquidos. Vivir en una época de incertidumbres, Bauman retoma sus temas habituales, que son también los de muchos de los autores que cita, como Manuel Castells, Nan Hellín, Thomas Humphrey Marshall, Loïc Wacquant y otros; a saber: la separación del poder y la política, las masas migratorias africanas, árabes y asiáticas y las respuestas del mundo occidental (rico) ante esta nueva realidad, la globalidad y la aldea, la identificación con lo radical o la radicalidad de la identificación, etc.

Sin duda se puede encontrar en este libro algunas observaciones inteligentes y descripciones ingeniosas que muestran mejor algunos aspectos de nuestras realidades conflictivas, muy especialmente con relación a la “realidad” del mundo emigrante visto desde el Estado y desde la ciudadanía asentada en sus logros y comodidades.

Conciencia global

Bauman pide una conciencia global para aquello a lo que estamos dando respuestas parciales, y critica las injusticias derivadas de la globalización del mercado, ese mercado sin fronteras y que gracias a ello puede aprovechar los espacios no controlados por una constitución justa para ejercer una nueva explotación. No menciona las ventajas, que las hay, de dicha globalización.

También señala, frente a los terrorismos surgidos en el seno musulmán, el peligro de combatirlo acrecentando el miedo y permitiendo así la justificación de la pérdida de nuestras libertades y derechos así como el entendimiento del emigrante como enemigo posible.

La guerra contra el terrorismo siembra a su vez miedo y permite, desde la voz que habla de defender a cualquier precio la propia seguridad, que poder y política se separen, en detrimento, sin duda, de ésta última, que es la que permite al ciudadano ser un individuo de derecho.

También habla Bauman, algo que ya ha hecho anteriormente, de las masas de seres humanos “convertidos en superfluos por el triunfo del capitalismo global”, y de los refugiados de las guerras: apátridas que son en realidad considerados “fuera de la ley”, siguiendo en esto a Michel Agier, y cita, en una de las pocas veces que baja a lo concreto, los casi novecientos mil refugiados de las guerras civiles en Etiopía y Eritrea y que andan como fantasmas por la zona norte de Sudán.

Masas de seres humanos

Estas masas son lo inimaginable en un mundo de etiquetas, afirma. Bauman denuncia que hay un deterioro en la consecución del emigrante como individuo de facto, y que en las ciudades capitalistas avanzadas ya no se defienden de lo exterior, como en la ciudad medieval, sino de lo interior, creando por lo tanto edificios altamente protegidos o urbanizaciones blindadas que nos apartan de los otros (de los que no son como nosotros: lo que llama, he aquí –atención profes– una posible tesina: mixofobia urbana, miedo a la mezcla).

Los problemas gestados globalmente, afirma Bauman, los sufrimos como si fueran locales y las respuestas locales que damos a ellos nunca podrán ser una solución. En fin, cualquiera con un poco de conciencia encontrará en este libro ideas ante las que asentir, y echará de menos que Bauman ignore la Historia: parece que lo hemos inventado todo en los últimos treinta años en males sociales y políticos, que nunca hubiera habido problemas con los desplazamientos por guerras, ni hubiera habido emigraciones por hambrunas y pillaje sin cuento en las ciudades desde dentro (léase nuestra literatura picaresca o a Charles Dickens para el Londres victoriano).

Bauman, que no dejó de ser miembro del partido comunista polaco hasta la persecución de los judíos en 1968, ha encontrado un nuevo demonio en la globalización capitalista y lanza sus a veces agudas observaciones sin que sepamos bien si habla de Estados Unidos, Inglaterra, Francia, España o Japón. Es una crítica de amplio espectro. Cualquiera puede adaptar sus descripciones o conceptos, resultones pero vagos, como le venga en gana. Su manera de escribir, generalizadora y moralizante, junto con aciertos de eslóganes, hace de sus obras un buen material para tirios y troyanos no muy exigentes.

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