Rusia – Edward Rutherfurd

Guerreros y eremitas, boyardos y siervos, héroes y heroínas románticos, ancianas damas ricas, buscadores de fortuna y exiliados…Los personajes de Rusia habitan en un mundo contradictorio de bosques.

Rusia.

Gerreros, héroes y heroínas románticos

Guerreros y eremitas, boyardos y siervos, héroes y heroínas románticos, ancianas damas ricas, buscadores de fortuna y exiliados…Los personajes de Rusia habitan en un mundo contradictorio de bosques, estepas, iconos y hachas, fe ortodoxa y persecución a los judíos, hermosas iglesias, palacios magníficos y pueblos miserables; de arte popular ruso y operas suntuosas, de Tolstói y Lenin, Chaikovsky y Rasputín.

Desde las tribus nómadas

En las grandes planicies de Eurasia hasta hoy en día, a través de la vida de un pequeño pueblo al este de Moscú, Rutherfurd sigue las tribulaciones de cinco familias desde la invasión tártara hasta el reinado de Iván el Terrible y los salvajes cosacos, la dinastía de Pedro y Catalina hasta el drama de la Revolución y los posteriores sucesos contemporáneos componiendo el mosaico al que nos acostumbró con Londres, Nueva York o París a la vez que consigue, con su extensa documentación y su escritura trepidante y veloz, atraparnos en las redes de uno de los países más contradictorios y fascinantes del mundo.

Teatral y expresivo

Edward Rutherfurd es un narrador ambicioso que se ha empeñado en juntar su vocación de novelista y su oficio de historiador por Cambridge en libros gordos pero amenos que aspiran a resumir cientos de años en cientos de páginas. La última prueba es Rusos, meganovela histórica de 989 páginas que acaba de publicar Ediciones B. El autor dijo ayer en Madrid que la esencia rusa es miseria, paisaje y violencia.Para Rutherfurd (Salisbury, Inglaterra), el hecho fundamental que marca la convulsa historia rusa es la “naturaleza oriental del país, el despotismo tártaro, la herencia mongol, ese poder violento y dictatorial que logró convertir cualquier atisbo de influencia occidental, democrática, en un elemento secundario, sumiso”.

Un paisaje sinuoso

Rusia, cuenta Rutherfurd, es un país sin carreteras en el que la línea recta no existe, donde el paisaje vago y ambiguo es cruzado por largos ríos sinuosos. Un paisaje en el que nadie sabe dónde está, y no sólo en el sentido literal, añade este historiador británico, que se acercó a Rusia porque su abuelo vivió allí largos años en el siglo XIX. “Ese no saber fatalista es la seña de identidad rusa. Si les preguntas qué va a pasar ahora, te dicen que habrá guerra civil. Si preguntas entre quién, contestan que no lo saben, que eso no es una pregunta rusa”.

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