Perder el control.

Perder el control

Aprendiendo a abandonar la mente durante el sexo

Después de un taller de Gestalt sobre cuerpo y bioenergética el profesor nos recomendó un libro con un titulo cuanto menos muy  sugerente. El libro en cuestión es Orgasmo total, de Jack Lee Rosenberg. Y aunque  no lo pueda parecer por el titulo, poco habla sobre el orgasmo, apenas un capítulo. Y mucho sobre la energía que recorre nuestro cuerpo, sobre los bloqueos que sufrimos y que se manifiestan en nuestra respiración y sobre la conexión con lo sensual, sobre el contacto con nosotros mismos.

Uno de los últimos capítulos del libro es el que más llamó mi atención. También porque me he sentido muy identificada. Y no tanto en lo relativo a lo sexual, sino en lo relativo a la existencia misma. El capítulo se llama “Cómo abandonar la mente”.

Abandonar la mente

“Algunas personas experimentan un curioso fenómeno cuando comienzan a prestar atención a sus cuerpos: ¡sus mentes se hacen muy activas! Esta actividad mental parece llevar a la conciencia un torrente de contenido que es irrelevante en esa situación. Un modo de encarar ese fenómeno es analizar ese contenido. Otro es preocuparse del proceso mental, enfatizando el cómo de la actividad mental, más que el por qué o el qué”.

Así comienza este capítulo del libro. Y precisamente es lo que me preocupa. El cómo. El cómo nuestra mente se convierte en una jaula de monos locos, como dirían algunas tradiciones orientales. Para lograr un orgasmo intenso, antes tenemos que poder abandonar nuestras mentes. O como dijo una vez Perls:

“Abandona tu mente, y dedicate a tus sentidos”.

Pero para los occidentales, abandonar la mente es una herejía. Vivimos en una cultura que rinde culto a lo racional. Tenemos que entender todo a efectos de causa y efecto. Todo tiene que tener sentido. Todo tiene que ser explicado y entendido racionalmente. Le damos una prioridad absoluta al pensar, y poco al sentir. Además de que el pensar, generalmente, interfiere en nuestra capacidad de sentir.

Cómo interfiere la mente en el “sentir”

Lo puede hacer de varias formas, que se pueden resumir en preocuparse, contenerse y desconectarse. Y siendo esta una simplificación excesiva, nos sirve para poder comprender este proceso de forma sencilla, y en nosotros mismos.

Cierra tus ojos y observa con atención hacia dónde va tu mente. ¿Qué es lo que continua en tu cabeza cuando haces esto? Quizá notes que tu atención se ocupa de como te estás sintiendo, de cómo se encuentra tu cuerpo en este momento. Te haces consciente de la silla sobre la que estas sentado, si es muy dura o por el contrario es muy blanda, si hace frío o sientes calor. Te haces consciente de los sonidos, de tu respiración, de la incomodez de tu cuerpo, o de lo tranquilo que estás. Estás presente aquí y ahora.

Esto suena muy bonito, pero lo más común es que esto no suceda. Y que tu mente se dirija hacia el futuro, ensayando, imaginando y planeando lo que va a suceder. Esto te aleja de lo que está ocurriendo en este momento, del aquí y ahora. Y te aparta de la espontaneidad.

O también te puede ocurrir que te vayas al pasado. Hacia una situación irresuelta o inacabada, hacia algo que necesita “completado” de algún modo, un desacuerdo con alguien, una discusión, una conversación pendiente… El famoso fenómeno “tenía que haber dicho” o “tenía que haber hecho”.  Al ensimismarnos en nuestra imaginación, lo más probable es que lleguen recuerdos que no nos dejan estar tranquilos.

“Además, cuando más profunda es la implicación emocional de la situación que nos perturba, mayor es la necesidad de finalizarla, resolverla completamente y despacharla”.

 

Completar una gestalt

Este concepto de finalizar o resolver una situación que nos mantiene intranquilos es uno de los principios básicos de la terapia gestalt, y es lo que se denomina “completar” una gestalt. Una situación incompleta atrae energía como un imán. Como dice Jack en el libro, es como cuando entra el vecino, se quita los zapatos, y deja caer solo uno al suelo. Nuestra atención se queda “enganchada” esperando el sonido del otro zapato cayendo al suelo. Sólo al escuchar el sonido, al completar al gestalt, nos quedamos tranquilos. Y queda energía libre para prestarle atención al presente.

Algunas personas no quieren, no pueden o no saber completar sus gestalts no resueltas. Y lo que hacen esaguantar enfrascados haciendo cosas. Y así se evita resolver esas situaciones. Y así se evita sacar a la luz relaciones amorosas fracasadas, conflictos, rencores… Y este “no sacar” hace que se nos quede anquilosado el pasado. Y si estás en el pasado, no estás en el presente.

“Te encuentras atrapado entre el “entonces y allí” y el “aquí y ahora”. Tu energía está divida”.

Y si algo he aprendido con los años, es que la energía está donde está tu mente. Si tu mente está en el pasado, o en el futuro, toda tu energía está allí. Incluso con las personas o las situaciones. Si estás obsesionado con una persona, o una situación, allí está toda tu energía, en vez de estar en ti mismo. Y de esto viven muchas personas tóxica y “vampiros emocionales”. ¿Qué ocurre cuando alguien te ha hecho una faena enorme y tu no paras de pensar en esa persona, aunque sea para insultara en tu imaginación? Al final le estás “regalando” tu energía. Él se hace más fuerte y tu más débil.

Muchas veces no podemos resolver estas situaciones inacabadas. No hay forma de resolverlo en nuestra vida. Pero sí lo podemos resolver en nuestra mente, en nuestra imaginación. Podemos cerrar los ojos, imaginarnos la situación en cuestión, y encaminarla hacia una resolución. Mentalmente podemos finalizar la situación y despedirnos de ella.

Estar demasiado tiempo en el futuro y en el pasado puede ser nocivo para nuestra salud. Tener la tendencia de “irte” durante largos periodos puede hacer que te sientas perdido en tu imaginación. Pero tener un contacto prolongado también puede ser nocivo. Mantener el contacto durante largos periodos de tiempo es prácticamente imposible, y el esfuerzo de “tengo que estar conectado” puede agotar nuestra energía. Encontrar el equilibro entre contacto y ensimismamiento es una de las claves de la salud y el equilibro emocional.

“Simplemente ser”

En  Oriente se conocen desde hace miles de años las cualidades de intrusión y distracción propias de la mente, y ha desarrollado medios para afrontarlas. Por ejemplo el Raja Yoga, es el camino de la iluminación a través del control de la mente; es un método para “detener” la divagación espontánea de la mente.

Pero siendo más “mundanos”, podemos decir que la diferencia principal entre la filosofía oriental y occidental está en el “ser” y el “hacer”. Los occidentales estamos siempre haciendo y tenemos grandes dificultades para simplemente ser. En cambio en la filosofía oriental el acento se pone en el ser.

“Tu eres y para ello no tienes que hacer nada.”

El pensamiento oriental viene a decir que cuando vemos algo intelectualmente, lo hacemos de forma separada, es algo separado de nosotros. Y “parando la mente” puedes tener una experiencia directa del Universo. Puedes ser uno con él. Pero si sigues con el autoanálisis que nos obsesiona, no hacemos más que aumentar la distancia entre el Universo y nosotros mismos, con nuestra mismidad. Si somos capaces de “parar la mente” podremos tener un conocimiento directo de nosotros mismos. Por desgracia, la mente no siempre quiere cooperar, y continua “haciendo su camino”… Por ello el filósofo oriental desarrolla caminos para apaciguar la mente y experimentarse a sí mismo más directamente.

1- Dejar de preocuparnos

Desde un punto de vista occidental, concebimos la mente como un ordenador. La mayor parte del tiempo la mente funciona fluidamente, pero a veces se queda atascada, del mismo modo como lo hace un disco rayado. Este disco rayado es el PREOCUPARSE. Puede adoptar la forma de situación inacabada, si hablamos del pasado, o la de un simulacro, si hablamos del futuro. Ambas nos sacan del aquí y ahora.

Lo opuesto a preocuparse es estar tranquilo. Y un modo de que la mente se sienta tranquila es la práctica de la meditación.  Una forma de practicar meditación es hacerlo mediante un mantra. Y no es más que repetir una y otra vez una frase original del sánscrito, que tiene algún significado. Pero lo que realmente nos importa es la repetición. Para entender esto mejor, mejor leer una historia que cuenta Jack Lee:

“Un yogui me contó una historia de un maharajah que tenía un inteligente siervo, capaz de hacer cualquier cosa por él. El único problema era que el siervo estaba constantemente al lado del maestro diciendo: “Qué puedo hacer ahora, maestro? ¿Qué puedo hacer ahora?”, tirándole de la manga y solicitando nuevas tareas. El siervo estaba volviendo loco al maestro. Así, finalmente, el maestro dijo: “Quiero que vayas y construyas una torre de siete pisos de altura, y luego quiero que subas y bajes corriendo las escaleras hasta que te llame”. De esta manera el maestro se cuidaba de sí mismo cuidándose del siervo que le estaba llevando a la locura.”

De la misma manera que podemos hacer nosotros con nuestra mente. No necesitamos preocuparnos cuando estamos intentando relajarnos, o disfrutando del sexo. Así que la única solución al problema del disco rayado es dejando que se sobrecargue, como un mantra, hasta que al cabo de un rato, se queda calmada.

Uno de los problemas al que nos tenemos que enfrentar los occidentales, es que nos identificamos demasiado con nuestros pensamientos. Con lo que asumimos que el no pensar equivale a no ser. Sólo hay que recordar al famosa frase de Descartes, “Pienso, luego existo”. Uno de los objetivos de la meditación es romper sea creencia, romper esa identificación tan fuerte con nuestros pensamientos.

También podemos reflexionar en estas ideas, como ya  nos contaba Montse en su post “Quién soy yo” :

“Yo no soy mi cuerpo; tengo un cuerpo, pero no soy mi cuerpo.
Yo no soy mis emociones; tengo emociones, pero no soy mis emociones.
Yo no soy mis deseos; tengo deseos, pero no son yo mismo.
Yo no soy mi inteligencia; tengo intelecto, pero no me reduzco a ello.
¿Qué soy yo entonces? ¿Qué queda después de descartar mis
sensaciones, emociones, deseos y pensamientos?
Yo soy un centro de conciencia y voluntad, capaz de dominar,
usar y dirigir todos mis procesos psicológicos y mi cuerpo físico.

Aún cuando nuestra mente no está atascada en una pauta de preocupación, podemos tener dificultades para “dejarnos ir” en la excitación corporal. Si somos capaces de concentrar la mente en algo que no de pie a ninguna pauta de pensamiento, descubriremos que nuestro cuerpo se encuentra libre para experimentar sus sensaciones.

Nuestra mente es un ordenador inmenso y activo que recoge datos sin parar, durante todo el tiempo que estamos despiertos.  A veces parece estar tan sobrecargada que parece que vaya e explotar. Y en esos momentos necesitamos vaciarla y empezar de nuevo. En este caso podemos utilizar otro tipo de meditación. Se trata de prestar atención a los pensamientos como si estuviéramos distante de ellos, como si no fueran nuestros, y se trataran de una película. Hay que dejar fluir los pensamientos, sin retenerlos sin juzgarlos, sin censurarlos… Nos desidentifiamos de nuestros pensamientos. Podemos imaginarnos a nosotros mismos al lado de un rio de curso lento, y nuestros pensamientos son los objetos que flotan en el agua, lentos, que pasan a nuestro lado para seguir su camino.

Vaciamos la mente. Dejamos que nuestros pensamientos fluyan tranquilos, sin interrumpirlos. Si aparece un pensamiento, lo examinamos atentamente y vemos si se trata de un asunto inacabado. Si así es, lo apartamos a un lado, nos imaginamos que lo ponemos a un lado, cercándolo con un muro, para poder volver a él más adelante. Ahora tenemos que vaciar y relajar la mente, no nos atamos a ningún pensamiento, aunque sea una obsesión no acabada que nos persigue. Y pronto te darás cuando la mente cesa en su preocupación.

2- Dejar de controlarlo todo

Otro hecho que nos aleja de poder “abandonar la mente” es el contenerse. O dicho de otro modo, el tratar de controlar todas las situaciones que nos rodean. Intentar poner cada cosa en su lugar, controlar y aislar nuestro entorno de modo que todo siga el camino que nosotros queremos. “Aparentar” también es una forma de controlar.

¿Y qué es lo opuesto a contenerse? Soltarse, aceptar las cosas como vienen, respondiendo con espontaneidad al Ahora. Y como suele ser más fácil decir las cosas que hacerlas… ¿Cómo podemos soltarnos? Si dirigimos la atención a nuestro cuerpo, no a lo que está haciendo nuestra pareja, ni a lo que sucede a nuestro al rededor, podremos ser conscientes de nuestro propio “contenernos”, de la dificultad que sentimos para soltarnos, para dejar el control.

3- Dejar de desconectarnos

El tercer fenómeno que experimentamos en nuestras mentes consiste en desconectarnos. Y estoy seguro que esto os suena. La mayoría de las personas no estamos verdaderamente presentes la mayor parte del tiempo. Somos autómatas. Y este efecto se multiplica cuando estamos en una situación que nos produce ansiedad, como lo es el sexo para mucha gente. Al desconectarnos nos disociamos de nuestra experiencia. Y además, por si fuera poco, podemos aumentar químicamente este efecto de “no presencia” mediante el alcohol o tranquilizantes.

Para el que se sabe “desconectado”, pero quiere invertir este proceso, hay esperanza:

“Si atraes la atención hacia tu conciencia en detalle, si verdaderamente pones atención en lo que estás haciendo, estarás en situación de comenzar a ponerte en funcionamiento, a conectarte.”

Podemos mirar el enfoque oriental respecto a poner atención, y para poder comprenderlo basta observar cualquier monasterio Zen, donde existe una disciplina permanente, momento a momento, sobre cualquier pensamiento o acto, requiriéndose una constante y plena atención.

Para empezar podemos decirnos a nosotros mismos: “Ahora soy consciente…” y terminar la frase. De los colores de la habitación, de los olores, de los ruidos, de mis manos, de frío o el calor… La práctica regular de esta técnica aumenta la sensibilidad hacia el presente que nos rodea. Y según vayas repitiendo el ejercicio, aumentará tu sensibilidad sobre lo que sientes dentro y fuera de ti.

“Vuelve a este mundo, aquí y ahora, y pon atención. Disfruta de tu vida al máximo. Que yo sepa, esta es la única oportunidad que tienes de hacerlo. Esta es, en palabras de Ken Kesey, “la única entrada que has conseguido para este espectáculo”; si no estás atento, se la llevará el viento”.

Autor entrada: Sabiens