Inteligencia emocional.

CUERPO Y MENTE

Los sentimientos bajo control

17 Dic , 2016  

Todos en mayor o menor medida nos preocuparnos de sentirnos bien emocionalmente, puesto que nuestro estado emocional influye en áreas tan importantes como nuestra salud, competencia profesional o relaciones interpersonales. Es por ello que los textos sobre Inteligencia Intelectual compiten ahora en número con otro tipo de inteligencia que nos permite que, a pesar de no ser tanlistos, podamos tener más éxito y felicidad en nuestra vida que los sobrados de coco: la Inteligencia Emocional (IE).

Qué es la Inteligencia Emocional

Peter Salovey y John Mayer fueron los primeros en realizar una formulación teórica de la inteligencia emocional en 1990, sin embargo no sería hasta 1995 cuando este término se hiciese popular gracias aDaniel Goleman, quien publica el libro Emotional Intelligence, sentando las bases de este concepto y dándolo a conocer al gran público.

Goleman define a la inteligencia emocional como la capacidad para manejar los sentimientos propios y ajenos, así como la habilidad para controlarlos. De esta forma, la IE se compone de “inteligencia personal”, en la que se englobaría el autoconocimiento emocional (la conciencia de uno mismo), el autocontrol emocional (la autorregulación), así como de la automotivación, y de la “inteligencia interpersonal”, que abarca el reconociendo de las emociones ajenas (la empatía) y las relaciones interpersonales adecuadas (habilidades sociales).

Diferencias entre Inteligencia Emocional e Inteligencia Intelectual

Diferentes estudios sostienen que si bien la Inteligencia Intelectual y la Inteligencia Emocional son habilidades diferentes, éstas se complementan entre sí. Un nivel de inteligencia intelectual se asocia con personas más analíticas y lógicas, reflexivas, y según algunos estudios emplean más el  hemisferio izquierdo del cerebro.

Por su parte, las personas con una elevada inteligencia emocional son más creativos, tienen facilidad para relacionarse con los demás, se basan en las experiencias pasadas para tomar decisiones, son espontáneas, aprovechan la información que le brindan sus emociones y algunos estudios sostienen que emplean en mayor medida el hemisferio derecho del cerebro.



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