Frío olvido

Una lágrima díscola se escapaba de sus ojos cada vez que pensaba en su padre. Aquel hombre que siempre había sido fuerte, que siempre había tenido una mente tan vivaz, ahora se encontraba cada vez más apagado, perdido en…

Frío olvido.

Una lágrima díscola se escapaba de sus ojos cada vez que pensaba en su padre. Aquel hombre que siempre había sido fuerte, que siempre había tenido una mente tan vivaz, ahora se encontraba cada vez más apagado, perdido en la oscuridad del olvido. La dureza del paso de los años se había empeñado en ir destruyendo una mente brillante y tornando a su familia adorada en temibles desconocidos.

Esa tarde, Raquel, después de un recuerdo afilado y doloroso de los ojos vacíos de su padre, decidió ir a verlo, aunque no la reconociera, aunque se enfureciera, aunque al final tuviera que irse con el corazón desgarrado. Deseaba tomar su mano entre las suyas, acariciar las arrugas  de su rostro y apurar los últimos días que podrían quedarle haciéndole compañía, intentar contarle cuentos de la niña de sus ojos.

-Papá, cuando Raquel tenía doce años la llevaste por primera vez a ver el mar. Al ver esa inmensidad azul cobalto revolviéndose furiosa se asustó. Y tú, la tomaste en tus fuertes brazos y te introdujiste con ella en la espuma blanca de las olas, caminando hasta que el agua te llegó ala cintura. Después la pusiste despacio dentro del agua sin dejar de abrazarla mientras ella no paraba de gritar por el frío y el miedo, en cambio tú te reíste,  tan alto que sus gritos se convirtieron en carcajadas sin apenas darse cuenta.
Un brillo apareció de repente en sus pupilas y fijó sus ojos en el rostro de Raquel asintiendo.

-Y cuando Raquel tenía dieciséis años bailaste con ella en la fiesta, aunque a ella le daba muchísima vergüenza que todos sus amigos y amigas la vieran con el carroza de su padre. Tú, la tomaste entre tus brazos y pusiste sus pies sobre los tuyos bailando como si ella fuera una cría, llenando su pelo de besos. Aquel día se enfadó contigo por la  humillación que sentía, hoy es uno de los recuerdos más hermosos que guarda en su corazón.-la voz de Raquel empezó a temblar, no pudo aguantar más y besando la frente de su padre se fue.
-Raquel…-musitó él.

Pero ella ya se había ido, no pudo oír el reconocimiento de su padre.

Relato de Patricia Mariño.

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