Catálogo de formas

Leer es una tarea, a veces, titánica. Luchar cuerpo a cuerpo con una novela -con independencia de su “metraje”, por utilizar un símil cinematográfico- nos hace recuperar la esperanza en la literatura…y en el género humano. Catálogo de formas, la primera novela de Nicolás Cabral…

Catalogo de las formas.

Una gota en el océano

96 páginas pueden parecer una pequeña gota en el océano de un libro. Una novela corta, dirán algunos. Perfecta para poder leer en el metro, dirán otros. Nada mejor que la brevedad de un texto, que encierra un potencial increíble, para situar al lector en una amplio abanico de situaciones: incomodidad, incredulidad, confusión, ausencia de linealidad, complejidad, ensoñación, interpretación libre…

Otra obra de Nicolás Cabral

Leer es una tarea, a veces, titánica. Luchar cuerpo a cuerpo con una novela -con independencia de su “metraje”, por utilizar un símil cinematográfico- nos hace recuperar la esperanza en la literatura…y en el género humano. Catálogo de formas, la primera novela de Nicolás Cabral (Córdoba -Argentina-. 1975), editada por Periférica, constituye un claro paradigma de lo que ha venido en llamarse el lenguaje helicoidal de la narrativa breve.

Para leer Catálogo de formas es imprescindible despojarse, no ya de prejuicios, sino de toda aquella rémora de elementos negativos -por lo infrecuentes- que algunos han querido colgar a los textos concisos, breves, exactos: la extensión, el lenguaje, la atmósfera, la condensada complejidad de la trama, el protagonismo o los protagonistas desdibujados en favor del nudo narrativo… Todos estos elementos pueden estar, o no, en un texto breve e incluso multiplicarse cualitativamente dependiendo de la predisposición del lector. Este es el caso.

Pese a que todo en Catálogo de formas nos remite a la arquitectura, Cabral trata -y consigue- construir un personaje principal -el de un arquitecto pleno de desequilibrios, pero con una inteligencia perversamente asentada- que sirve de crisol para ir dando forma, paralelamente, a un coro de sucesivas voces narrativas, un soporte fundamental para cimentar el relato y que, afortunadamente, sirve para complicar gozosamente la vida a quien se enfrenta a sus páginas.

Romper la rutina de la lectura -haciendo uso exclusivo de la narración- es pues uno de los puntales que más pueden valorarse en este libro. Deconstruir la rutina del texto con el fin de construir otra estructura nada convencional, ampliando así la perspectiva que cada uno puede llegar a formarse de los personajes, de la historia, incluso de su final. Este es uno de sus más firmes logros.

No hay nada extraño, ni esotérico, ni siquiera metafísico en lo que trato de trasladar. Es sencillamente la singladura a la que nos somete Nicolás Cabral, capaz de hablarnos de la maldad, de la futilidad del mal, de esa banalidad del mal que tan bien supo estudiar y exprimir Hannah Arendt y que el argentino nos traslada límpidamente en Catálogo de formas. Cabral es capaz de forjar una novela que parte de un centro -reconocible e identificable- para extenderse, como una ola, hacia el exterior, hacia una complejidad no buscada pero que permea toda la novela. La intriga, el deseo, el sexo, la sugerencia que toma como vehículo el erotismo tiene también su parcela, convenientemente reservada, como un buen postre al final de una merecida comida.

No hay nada que temer a esta escritura. Es más que recomendable -sobre todo para los que conocen y aprecian la arquitectura como arte y no como mera ciencia constructiva- porque es capaz de dar forma a una difícil -pero posible- analogía entre arquitectura y literatura. Nicolás Cabral codifica una novela -mediante un uso magistral en la mezcla de voces narrativas, personajes, situaciones, capítulos aparentemente inconexos- para que nosotros podamos descifrar desde nuestra perspectiva de lector.

Al igual que la población que Cabrera describe en el texto, y que vive en un entorno natural exuberante como es la selva, no está concienciada ni preparada para las habilidades arquitectónicas que el protagonista les propone, el lector tampoco está aparentemente preparado para dilucidar el camino que marca la novela…pero solo aparentemente, porque en el devenir de sus páginas se irán haciendo claros para llegar a su final.

Decía recientemente Julián Rodríguez, escritor y editor responsable de Periférica, en el diario El País que “lo radicalmente nuevo nunca es nuevo del todo” y que lo verdaderamente radical es “pensar el arte como (casi) una disciplina literaria más”. Afirma Rodríguez que “todas la editoriales publican libros buenos, regulares y malos pero, curiosamente, son las pequeñas las que menos libros malos publican”. Si leemos Catálogo de formas entenderemos el por qué de sus palabras.

Autor: Nicolás Cabral

Título: Catálogo de formas

Editorial Periférica. 2014.

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