Breviario de los políticos

Este Breviario de los políticos, atribuido al muy poderoso cardenal Mazarino-regente de Francia en la niñez de Luis XVI-es un descarnado y cínico manual de comportamiento para conseguir el poder y conservarlo. Y es también sátira de un mundo en el que las virtudes que tradicionalmente habían sido ensalzadas en los políticos parecen verse sustituidas por otras nuevas, en las que la consecución de los objetivos personales eclipsa cualquier consideración de orden moral.

Breviario de los políticos

Este Breviario de los políticos, atribuido al muy poderoso -cardenal Mazarino regente de Francia en la niñez de Luis XVI- es un descarnado y cínico manual de comportamiento para conseguir el poder y conservarlo. Y es también sátira de un mundo en el que las virtudes que tradicionalmente habían sido ensalzadas en los políticos parecen verse sustituidas por otras nuevas, en las que la consecución de los objetivos personales eclipsa cualquier consideración de orden moral.

Breviario de los políticos, atribuido al poderoso cardenal Julio Mazarino (1602-1661). Se trata de un librito de apenas 140 páginas que hará las delicias de cualquier interesado en el devenir histórico y político de la Europa barroca, en la que Mazarino ocupó un privilegiado lugar como regente de Francia -tras la muerte de Luis XIII-.

Muy acostumbrados a situarnos del lado de los héroes, este pequeño manual nos permite acceder al despacho de uno de los personajes más importantes y oscuros del siglo XVIII occidental, que, como sabemos, representó un eminente papel en la secuela de Los tres mosqueteros de Dumas (Veinte años después), tras la muerte de su antecesor en el cargo, el inolvidable cardenal Richelieu. El mismo Dumas se refiere a Mazarino como “la sombra” de Richelieu, aunque al principio “estaba solo y sentíase débil”. De hecho será el propio Mazarino quien recomiende a D’Artagnan, a la sazón teniente del cuerpo de mosqueteros, que reúna a sus antiguos e inseparables compañeros de batallas (Athos, Porthos y Aramis) para liberar de su encierro parisino en La Bastilla al ambicioso conde de Rochefort.

El pueblo francés nunca aceptó de manera definitiva que alguien venido de un país foráneo tuviera en sus manos las riendas del poder galo. En efecto, Alejandro Dumas inicia Veinte años después con la siguiente reflexión de un descorazonado -pero siempre perspicaz- Mazarino:

-¡Extranjero! -decía para sí-. ¡Italiano! ¡No saben salir de ahí! Con esa palabra han asesinado, han ahorcado y hecho pedazos a Concini, y, si yo los dejase, me asesinarían, me ahorcarían, me despedazarían también de igual modo, a pesar de no haberles causado nunca otro mal que el de tenerlos sujetos, tal vez con alguna violencia. ¡Insensatos!, no comprenden que su amigo no es este italiano que habla mal el francés, sino los que saben decirles palabras buenas y seductoras con el más puro acento parisiense.

No le muestres sus vicios y no le reveles los que se le reprochan, cualquiera que sea la manera en que te lo pida. Y si insistiera con demasiada vehemencia, niégate a creer que pueda tenerlos como no sean muy anodinos. O bien cita aquéllos que en otra ocasión se ha reconocido él mismo. Porque este género de verdades deja siempre un sabor de boca amargo cual-quiera que sea el modo en que pruebes a presentárselas, sobre todo si han sido dichas con todo cono-cimiento.

Trasmítele con frecuencia tus saludos por intermedio de un tercero o por cartas dirigidas a terceros. Escríbele a menudo. No defiendas jamás una opinión contraria a la suya, ni le contradigas. Y si tienes la audacia de hacerlo, dale la posibilidad de que te convenza y de que te haga cambiar de opinión fingiendo adherirte a su criterio.

Julio Mazarino – cardenal regente de Francia en la niñez de Luis XVI

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