Alabanza

Que digo yo, que qué fiebre les ha dado a los escritores con mandar a sus personajes al campo a pastar, como las cabras. No es que yo tenga nada en contra del ruralismo en sí, pero me llama la atención que en dos años se hayan publicado…

Alabanza

Que digo yo, que qué fiebre les ha dado a los escritores con mandar a sus personajes al campo a pastar, como las cabras. No es que yo tenga nada en contra del ruralismo en sí, pero me llama la atención que en dos años se hayan publicado Por si se va la luz de Lara Moreno y esta Alabanza de Alberto Olmos, cuyos argumentos son tan semejantes (por no hablar de la tan famosa Intemperie de Jesús Carrasco o de Es un decir de Jenn Díaz, en las que la acción también transcurre en el campo, aunque con personajes “autóctonos” y no con urbanitas trasplantados). “Rural rules!”, dice un personaje de la novela; pues se ve que sí, que rural rules.

En Alabanza, como en Por si se va la luz, una pareja huye de la ciudad y se va a un pueblo remoto en busca de sosiego, aislamiento y desconexión de internet. Él es escritor, y ella es, bueno, la novia del escritor. Solo que no estamos en 2014, sino en 2019, y en 2019 ya no existe la literatura porque, como se suele decir, ella sola se murió y entre todos la mataron: autores, editores, críticos, lectores… Sebastian Bel, el protagonista, contribuyó a la muerte de la literatura con una novela comercial, El mapa del misterio o El misterio del mapa o algo parecido con la que renunció a todos sus propósitos literarios en favor del éxito comercial.

En realidad, Alabanza son tres novelas en una: en la primera parte, vemos a Sebastian Bel intentando sin éxito escribir un libro de relatos, titulado Las amadas, sobre cada una de sus relaciones amorosas pasadas, y a Claudia, su novia, explorando el pueblo e intentando averiguar quién quemó la iglesia del pueblo; en la segunda, Sebatian vagabundea por el pueblo recordando su infancia (porque, sí, descubrimos que el pueblo en el que están es el de la infancia de Sebastian, que entonces no se llamaba Sebastian sino Miguel); en la tercera parte Sebastian y Claudia vuelven a juntarse, y se nos cuenta, entonces, la trayectoria literaria del escritor hasta el momento de su éxito y la posterior muerte de la literatura.

Y lo que pasa es que, de las tres partes, la primera me estaba entreteniendo y hasta intrigando; la segunda me ha parecido demasiado larga y me ha aburrido bastante; y la tercera en cambio me ha parecido demasiado obvia en su intento de criticar las podredumbres del sistema literario español y universal, que sin duda existen: la arbitrariedad de los editores, las componendas entre críticos, autores y editoriales; la vulgaridad y el egocentrismo de los escritores… Solo los lectores parecen salvarse de la quema, a lo mejor porque Alberto Olmos no quiere alienar a sus lectores acusándoles de ser cómplices en el asesinato de la literatura.

Creo que Alabanza habría sido mejor novela si hubiera sido más corta y se hubiera enredado menos en recuerdos infantiles y en consideraciones no tan originales sobre esos animales exóticos que son los editores. Si las desventuras de un escritor frustrado luchando por salvar la literatura son suficientes para entretener a todo el mundo, o solo a los que somos especialmente letraheridos, eso es otra cuestión diferente.

Autor/a: Alberto Olmos
Título: Alabanza
Año de publicación: 2014

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